lunes, 7 de marzo de 2016

Solidaridad femenina, algo urgente

Por Blanca Padilla

Es una desgracia que todavía, en este siglo, haya mujeres que enfocan mal su resentimiento cuando son traicionadas por su novio o esposo. Perdonan enseguida al hombre en cuestión, en cambio se ensañan verbal y hasta físicamente contra la otra mujer cuando ésta quizá ni las conoce ni sabía de su existencia. 

No piensan en ningún momento que, como dijo Hortensia Bussi: en esta vida “únicamente traicionan los amigos”, es decir los de confianza, los de casa. 

No se detienen a considerar ni por un momento que quien tiene la obligación ética, moral y social de comportarse como hombre casado o comprometido es su novio o esposo, no la otra mujer que, en la mayoría de los casos es absolutamente libre de ir por donde, cuando y con quien le plazca.

Esta es una enorme falta de solidaridad femenina, de igual proporción a la representada por las mujeres que, aun sabiendo que un hombre es casado o que tiene una familia con la cual no es lo suficientemente responsable se involucran con él e incluso lo premian dándole otros hijos.

En cualquiera de los casos, una de las mujeres se considera superior a la otra. 

En el primero una es la poseedora de todas las virtudes, en tanto la otra es una puta, ofrecida y cosas peores. 

En el segundo caso, la mujer que acepta a un hombre que no ha sabido mantener y conducir una familia, es la salvadora, la que lo librará de una mujer que no lo supo comprender. Repitiendo así patrones de sumisión.

No nos valoramos a nosotras mismas y menos a las otras, cuando en realidad tanto mujer es una como otra.

Estoy convencida de que en la medida en que las mujeres sigamos actuando así, seguiremos alimentando la irresponsabilidad de los hombres, porque de cualquier situación de estas ellos siempre salen bien librados, en tanto que las mujeres nos vemos y actuamos como enemigas.

Desafortunadamente, las mujeres actuales en lo público defendemos los derechos de la mujer, la equidad de género, la no violencia contra las mujeres, etcétera, pero en lo cotidiano seguimos siendo como nuestras abuelas o peores. Somos modernas y premodernas al mismo tiempo. Estamos en crisis, ojalá que cambiemos pronto estos patrones ancestrales. Urge.

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“Como mamá no educo machos ni sumisas”
“Nunca llamaré puta a otra mujer”
“No aceptaré ningún tipo de violencia en mi contra”
“Tengo la responsabilidad de luchar por los derechos de la mujer”
“No cambiaré mi apellido por el de alguien más. Yo no le pertenezco a nadie”
“Nadie podrá juzgarme por el número de personas con las que me acuesto”
“Mis orgasmos son mi responsabilidad”
“Le exigiré a la policía que trabaje para proteger a las mujeres”
“Nadie podrá juzgarme por ser madre soltera”
“No me impondré ninguna represión ni moral ni sexual”
“Nunca me traicionaré dejando de ser quien soy”
“Nunca me quedaré callada si algo no me gusta”
“No es puta la que baila y toma, ni es santa la que está sentada y reza”
Principios de las mujeres pochtecas.

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